miércoles, enero 09, 2008


Ya han terminado las vacaciones navideñas, el pavo, las envolturas, los regalos y demás detalles tuvieron su momento fugaz y ahora son un recuerdo que sabe a resaca y mareos madrugadores. Las risas y los excesos cesan y en cambio nuevos propósitos para el año por venir surgen como las erupciones de un enfermo de varicela; bajar de peso, ordenar el cuarto, arreglar la casa, deshacerse de toda esa basura que se ha estado acumulando con el paso de los años, volver a amar, tronar finalmente con ese novio ausente, proponerle matrimonio a tu novia de años atrás, ponerse a trabajar, ser más cariñoso con la esposa, tratar mejor a la madre, dejar el alcohol y el tabaco, y para cuando el cuerpo se encuentra cubierto de estas erupciones espontaneas y también fugaces el peso de los propósitos es tan grande que terminamos no haciendo nada y esperando a llegar el próximo fin de año para alimentar la lista de nuevas buenas intenciones que muchas veces terminan como empezaron y permanecen como ideaciones sin movimiento, energía en reposo, peso muerto.
Tengo que empezar a poner ese plus que tanto pregono y concretar ciertas cosas en mi vida, no sirve de nada aconsejar cuando uno no cumple con el discurso ofrecido, hay que poner día con día manos a la obra y como diría balú “hay que ir sobre lo esencial”; yo le agregaría el factor de concretar, meter goles, jugar hacia delante, explotar nuestros recursos, creer que puede ser.

1 comentario:

R a v e dijo...

Pues chido man. Ojala sigas publicandote. Queda pendiente la edicion.
saludos.