domingo, junio 11, 2006


Todo cambia cuando estás conmigo.
A partir de algo así como las seis de la tarde nos acercamos después de una desesperante espera. Continuamos con la chela, la piscina y empezamos con el baile acuático, implementamos unos dos o tres pasos de baile y les dimos uso hasta volvernos maestros. Escuchamos las mismas canciones unas doscientas veces, y en todas bailamos y en todas sonreímos, y en todas no quería soltarte.
En algún momento te enfrascaste en una conversación con mis amigas acerca de las partes del cuerpo que les gustaría modificar, y concluí que lo que a una le sobra la otra lo desea y viceversa, cosa que me pareció ridícula, tomando en cuenta lo estéticas que son. Posteriormente intenté convencerte de tu similitud con una manzana, algo que anteriormente te había comentado, eres suave, dulce, jugosa, madura; me dio gusto que en un momento dado decidieras soltarte y quitarte ese short que no permitía ver por completo tu figura en ese hermoso bikini de bolitas que tanto te piropie, te veías fabulosa.
Seguimos en la fiesta, la cerveza corría y corría, la tarde acababa y dejaba a su paso la noche. En la piscina nos enseñaron un nuevo paso, que igualmente practicamos con entusiasmo. Así continuaron las cosas, siguió la cena y de nuevo la piscina, después la sesión de guitarra, y la partida no planeada.
Todo iba muy bien, sin hablar quedamos de acuerdo en partir juntos y así permanecer hasta el amanecer, tomamos nuestras pertenencias, algunas de ellas las dimos por perdidas, partí sin mis sandalias, ya no veía mi sombrero y mi encendedor, pero ya no me importó, lo más valioso se encontraba a mi lado, y quería acompañarme.
Nos dirigimos a casa de la amiga que nos acompañaba, se despidió de nosotros y partimos a nuestro mutuo destino, el lugar que nos brindaría alojamiento durante la noche, para ese entonces me tenías tomado de la mano, como andan los novios en el parque, tan natural, me sentí muy cómodo con el gesto, cada vez más unido a ti, cada vez mas en ti y en mi, así continuó y fue en un alto en el trayecto que entre balbuceos nos dimos un pequeño beso, desearía tener más claro el recuerdo, y a pesar de ser pequeño en duración, fue enorme en profundidad, sumamente importante, inesperado pero deseado.
La concentración de alcohol en nuestra sangre era muy elevada, lo cual produjo en nosotros algunas lagunas mentales, hecho que confirmaría al día siguiente después de hablar contigo.
Recuerdo que ya en casa de nuestra anfitriona continuamos bailando, y ahí fue donde la distancia entre nosotros se fue acortando cada vez más, la cercanía era clara y deseada, aunque también controlada, salimos de la casa en algunas ocasiones, en una de ellas te platiqué de lo frustrante que puede ser nuestra realidad, y te invité a acompañarme en mi viaje, te dije lo complicado que es el solo hecho de pensar en separarme de ti, antes de conocerte y de que te clavaras tan profundo en mi no temía dejar mi tierra, ahora temo estar sin ti.
Lo último que recuerdo ese día fue que apagué la luz y abrazados, encima del mismo mueble que antes nos vio dormir, nos cubrimos con mi cochita de winnie pooh y dejamos a Morfeo hacer de las suyas.
En la mañana siguiente, después de caerme del sillón te encontré profundamente dormida, no pude evitar detenerme a contemplarte. Intenté despertarte pues ya era hora de partir, pero simplemente no pude, me perdí de nuevo en tus brazos, en ti, y así fue, a pesar de mi sueño cortado, permanecimos así por un tiempo más, abrazándote, deseando que ese momento no terminara.
Finalmente tuve que partir, y a pesar de que me intentaste convencer de lo pecaminoso que puede ser trabajar en domingo, no pude más que partir a mi compromiso escolar.
El resto del día me la pasé pensando en lo sucedido, y en el momento en el cual despertarías y podría hablarte por teléfono. Finalmente llegó esa momento, y después de dos horas al teléfono y de sincerarnos, de decirte lo importante que eres en mi vida, de hablarte de lo mucho que te quiero, de aceptar tu realidad y la mía, de hablar de congruencia e incongruencia, de la distancia entre nosotros, de nuestros deseos de continuar esta hermosa amistad, de lo extraordinario de nuestra relación, quedaron muchas cosas para pensar. Espero que tengas muy en cuenta la seriedad de mis palabras, mi sincero interés hacia construir una relación de pareja contigo, y por supuesto, por ahora mi interés por no levantar barrera alguna entre nosotros, sino que por el contrario, tender puentes y nuevos lazos que nos acerquen cada día más.
No te pido que compartas esta visión conmigo, solo te invito a que la consideres como una posibilidad, como un hermoso y prometedor proyecto lleno de sonrisas, diversión, de ti y de mi, de paz, de tranquilidad, de confianza, de cariño, de lo bueno, de nosotros.

jueves, junio 08, 2006


Regresa, que pronto te vas.
Recuerda que no es el momento para poner tus intereses por encima de los demás, que ahora es simplemente peligroso y egoísta, que es cuestionable cualquier intento por realizar lo opuesto, es sumamente arriesgado.
Recuerda lo que me decías, eso de darte cuenta de la realidad, ya sé, tu respuesta fue que las cosas son muy confusas, que ya no sabes como interpretar su cercanía, sus atenciones, sus sonrisas, su presencia.
Recuerda también que no debes buscar aquello que te cause dolor, molestias, y bueno, si esto es inevitable, por lo menos intenta disfrutarlo, sacar lo mejor de todo, aunque esto pueda costarte mucho trabajo.
Recuerda que tu impotencia es situacional, temporal, esta en su momento se convertirá en movimiento, en materia, en acción y reacción.
No temo extrañarte, me daría miedo no hacerlo, después de todo yo te convertí en mi ilusión, en un incierto plan, en la alegría de mis días, en mi detonador de sonrisas, en mi motivo favorito de espera, en mi compañera de locuras, asumiré esa responsabilidad, disfrutaré cada instante cerca de ti y por supuesto también aquellos momentos en los que no te encuentres, y que sin duda alguna te llevaré en mis pensamientos.

lunes, junio 05, 2006

Todo comenzó aquel lunes, cuando a mi regreso nos encontramos en el Messenger. Fue una conversación intensa, comenzamos hablando de no sé que cosas y terminé confesando mis sentimientos hacia ti, lo sé, y te lo dije, no es el mejor lugar, pero prometí decírtelo en persona.
Te dije que tenía muchas ganas de verte, de platicar contigo, como en los viejos tiempos (ni tan viejos), y así fue como quedamos de acuerdo para hacer algo el viernes en la noche, pero ¿qué?, después de pensar en una lista de opciones (cine, cheva, café, helado, granizado), hiciste una fusión de dos y a partir de eso una de nuestras metas fue conseguir un “granizado de cerveza”.
Así transcurrieron los días, siempre esperados, contemplados cada uno, conforme pasaban más cerca te sentía y eso me tenía muy feliz. Esperarte es grato porque sé que lo que haremos, de lo más básico a lo más complejo, me llenará de risas compartidas y dejará ese día como un muy bonito recuerdo, de aquellos que evocas cuando quieres volar muy alto.
Llegó el día, tu mensajito me animó todavía más, no había duda, acababas de confirmar que ya era un hecho, nuestro plan se convertiría en realidad.
Después de invertir algunas horas en los deberes de la vida, corrí a bañarme y salí volando hacia tu casa, llegué ahí, como es usual contigo, unos minutos antes de la hora en la que habíamos quedado, tú me haces querer llegar antes y quitarme mucho después, por no ser posible quedarnos indefinidamente.
En fin, mi adelanto se juntó con los sucesos bizarros que pasaste en tu escuela. El detalle es que te faltaba un poco para estar ya lista. Después de unos minutos de espera, saliste como te recuerdo, fresca y olorosa, lo bello no necesita adorno alguno, la naturaleza le ha dado el privilegio de no tener que invertir demasiado tiempo en exaltar sus atributos.
Me saludaste por segunda vez y partimos.
En el camino hablamos de tus aventuras en la escuela, con el poli y el sordomudo, el candado y la reja, la noche, la caseta, la pintura y los solventes, esas cosas que suelen suceder cuando nos juntamos.
Llegamos al centro, hice un poco de bilis al intentar encontrar un lugar para estacionarme, sin embargo logré hallarlo y procedimos a ir al concierto.
Al cruzar la calle me comentaste que olvidaste tu tapita de caguama, no entendí a que vino el comentario, pero no me preocupó mucho pues el granizado de cerveza nos esperaba de manera hipotética.
Llegamos al lugar, era oscuro y estaba lleno de toda clase de personas, entre hippies, emos, darks, motorolos, suicidas, punketos, y una que otra persona “normal” si es que existe eso. Posteriormente procedimos a tomar la primera, y como me suele suceder, al intentar sentarme rompí una banca y me lastimé un poco la espalda, todavía siento un poco de dolor.
Ahí comenzamos a conversar de nuevo, hice un resumido resumen de mi aventura en Veracruz y la verdad no le di mucho interés al tema porque no quería hablar de mi, simplemente quería hablar de otras cosas, de las que nos hacen reír.
Después de platicar de los proyectos de desarrollo comunitario, de nuestra filosofía acerca de los equipos de trabajo, de la excelencia en las cosas que hacemos y de los parásitos que existen a nuestro alrededor, después de que me dejaras convencerte de que no es malo ser hiriente con las personas que lo merecen, después de varios cigarros, después de no escuchar el concierto por perdernos en nosotros, después de ir al baño algunas veces, después de presentarte a algunas amistades, después de tomarnos tres chelas mas, después de platicar con el suicida autodestructivo, después de preguntar por qué la oveja y por qué el viaje, después de responder a la pregunta por qué no, después de darle unos pesos a un vago, de recibir un cigarro por parte del rasta chunk, y finalmente de despedirme de mi amiga, procedimos a retirarnos de ese oscuro lugar y nos lanzamos a la aventura de conseguir el granizado de cerveza.
Llegamos a la reina de Montejo, ya no había mucha gente ahí, talvez una pareja y unas cuantas personas mas. Después de sentarnos el mesero nos ofreció la carta, a lo cual respondí con un “creo que ya se lo que vamos a pedir, aunque no sé si me lo puedas servir”, entonces de di la indicación: quiero dos vasos con hielo para granizado, dos cervezas y unas papas a la francesa; el apuntó todo en su libretita, confirmó la orden y procedió a elaborarla.
Una vez en la mesa, vimos materializada nuestra meta, y no pude evitar comentar que para mi es un placer complacer tus ideas bizarras, qué te puedo decir, tu eres mamá y yo papá.
Tomamos fotos de tus manos, de cada uno con su granizado, de ambos abrazados con los granizados, dejamos evidencias de ello, pero las mejores fueron las inevitables sonrisas que aún guardo y guardaré.
Terminamos el granizado, todo salía a pedir de boca, no recuerdo de quién fue la iniciativa de tomar una más, pero bueno, yo ofrecí mi casa y una caguama y procedimos a ir a ese sitio.
Llegamos, para ese entonces eran como las tres de la mañana, no vimos el reloj y sí los vasos, los mismos de las sillas y el balcón, nos sentamos en el suelo y procedimos a hablar de muchas cosas, lo único que recuerdo es que reiteré lo que el lunes te había dicho, volví a explicarte mis sentimientos hacia ti, te recordé lo bien que me la paso contigo, y te comenté a grandes rasgos, aunque no con las mismas palabras, lo frustrante que es estar enfrente de alguien tan especial, con la que me la paso tan, pero tan bien y sentirme atado, y limitado a realizar lo que la situación me ofrece y no la voluntad de mis sentimientos.
El sueño, se apoderaba de nosotros, sentados en el piso de la entrada de mi casa, no me di cuenta cómo fue que reclinaste tu cuerpo, y te acurrucaste encima de mis piernas, tampoco me di cuenta de cómo instintivamente comencé a acariciar tu cabello, a jugar con el, a olerlo detenidamente, y así igual repentinamente dormiste, te veías tan tranquila, me imagino que también exhausta.
Mientras dormías pude fijarme de los múltiples colores de tu cabello, pude admirar detenidamente tus ojos cerrados, pude percatarme de tus vicios nocturnos, una mano entre tus piernas y otra en tu cuello, como protegiéndote, espero que no de mi. Así continuaron pasando los minutos y yo ahí, observándote, olvidaba el entumecimiento de mis piernas y me concentraba en mantenerte así, tranquila, inmóvil, descansando, hasta que me percaté de la hora, y con una cierta incomodidad te comenté que ya era tarde. Te levantaste y me dijiste que te dio pena el dormirte en mi, a lo que respondí con un sincero “fue un placer”, continuaste diciéndome que no es cotidiano que te duermas en cualquier sitio, comentario alentador, tomando en cuenta que en este caso el sitio era yo. Pasaste por última vez al baño y te acompañé, me recosté en el mueble de la sala y permanecí ahí esperándote, llegaste y te sentaste de tal manera que no pude evitar poner mi mano en tu abdomen y acariciarlo, en la oscuridad te distinguía perfectamente, me pareció que ya conocía esos contornos, esa suavidad. En algunos momentos tomé tus manos y las acaricié, no pude evitar esos acercamientos, surgían de manera natural, como atraídos hacia ti.
Posteriormente, nos vimos en la repetición de esa historia inevitable, partimos hacia tu casa después de pasar por mil cosas sublimes, totalmente fuera de lo común, y una vez que llegamos y a pesar de la hora, tuvimos tiempo de intentarlo, nos despedimos tres veces, yo no quería soltarte, con cada beso un abrazo, de esos que dicen adiós, pero en el fondo no quieren dejarte ir, pretenden mantenerte ahí lo mas posible, simplemente hermoso, triste pero hermoso, tu vida ilumina la mía, aprecio mucho tu cariño, tu confianza, tus expresiones de afecto, tu actitud hacia la vida. Me inspiras, me llevas a lugares jamás pensados, me descompones y me reintegras, me dejas volar tomado de tu cordel, es uno que tejimos antes de que abra el vuelo, una aventura fascinante, un incierto que apacigua, una ilusión que me cautiva.