miércoles, mayo 10, 2006


La distancia.
Así es como justamente nos veíamos aquella noche.
Dentro del medio de la psicología, podría decirse que pasamos por un buen rapport, y que la posición de las sillas y la distancia entre las mismas indican un buen grado de confianza y acercamiento. Coloquialmente hablando, estábamos bastante cómodos y con una buena disposición a conversar.
Ahí sigues, enfrente de mí, todavía se encuentran las sillas en esa misma posición, a veces me asomo por la ventana que da al balcón para verificar si aún están ahí, conversando como las dejamos.
No creo que las usemos de nuevo para ese fin, por ahora, alguien las moverá, haré alguna reunión y alguien las cerrará u cambiará de lugar, no tomando en cuenta lo que para mí significa y lo que talvez tú ignores.
Ya tus conversaciones son diferentes, ahora solo hablan de ti y tu felicidad, a veces no puedo soportarlo, y no es que no quiera tu bienestar, pero este me ha costado perderte por ahora. Sin embargo, seguiré siendo tu amigo, porque decidí serlo antes de que me impactaras, eso sí, quiero aclararte que no soy ningún alma caritativa, no necesito la lástima de nadie, tampoco me convertiré en tu confidente, ni en tu consejero. Seré lo que me permita el cuerpo y la mente, las emociones y la razón, seré lo que me permitas, siempre y cuando esto no me ponga más en la línea.
Así es como suceden las cosas, cambiamos en cuestión de segundos, aunque a veces sea difícil de creer.

domingo, mayo 07, 2006


Ayer fue un día de emociones fuertes.Estaba invitado a acudir a la fiesta de un súper cuate, y había planeado encontrarme con la primera musa, misma que después de plantearme un panorama un tanto complejo en función a lo que iba a acontecer, y yo no pudiendo argumentar más que el hecho de querer verla y platicar aunque sea cinco minutos más con ella, no pude más que conformarme con que esta razón era insuficiente para justificar ese encuentro.De esta manera lo que aconteció fue que llegué por mi cuenta (como siempre) y me instalé en una fiesta pequeña al igual que la estatura de la mayoría de las y los invitados, pura gente agradable, apreciada, buena onda, querida. Todo parecía estar bien, sin embargo, un movimiento reflejo, involuntario, e inconciente te hizo responder con violencia, me pediste de manera intempestiva que no te tocara. Ahí estaba yo, dolido, roto, encabronado, al borde del llanto, aunque ya no me salen lagrimas, salí por unos minutos, no podía permanecer allá, tomé mi cerveza y mi cigarro, y me fui a mi coche, aparentemente para bajar mi mochila con mis cosas. A partir de mi regreso las cosas con mi musa uno, simplemente ya no dieron para más, ya no hablamos más y demonios, la dejé con las palabras en la boca y hablando con mí espalda, de ahí, la dejé de ver. Casi puedo asegurar que la molestia fue por una amiga de nuestro amigo a la cual le seguí la conversación durante un rato, a veces he llegado a pensar que te molesta que me la pase bien, y que me divierta con tus amigos y con los amigos de tus amigos. Entre tanto yo seguía con la intención de pasar un rato agradable, y así fue, aunque todo esto fue interrumpido por más malas noticias, el deceso del familiar de una amiga muy querida, me calló de malas, se juntaron las cosas.Ahí es donde musa dos aparece, igualmente planteando malas noticias, por su parte me comentó que se encontraba asistiendo a una amiga que había sufrido un accidente. Un día sumamente accidentado, mi cabeza daba vueltas, y esto no solamente por el alcohol, me encontraba abrumado, pero con una ilusión, que más tarde entendería que continuaría siendo simplemente eso, materia de las fantasías.
Abandoné la fiesta, fui a mi casa, tomé un baño y me dispuse a ir al acto fúnebre, no quiero mencionarles lo mal que me sentí cuando la reacción inmediata posterior al pésame, fue un certero “hueles a alcohol”, ignoré el comentario y decidí continuar con el pensamiento que me llevó hasta ese sitio, vale más mi presencia que mi ausencia, vale más el cariño y el sentido de solidaridad que el olor de mi aliento.Posteriormente, me retiré del lugar, y me dirigí hacia ti mi musa dos, habíamos quedado de acuerdo en encontrarnos y conversar, de ti, de tus cosas y yo te escuché, y también me escuchaste, te veías tan bien, como siempre, como ahora. Conforme hablabas solamente encontraba más y más razones para pensar que eres una súper mujer, alguien maravillosa, mi prototipo de pareja, me la pasé increíblemente bien, las horas pasaron como el aire que nos acariciaba, suave y silenciosamente.
Ahí fue donde las cosas cambiaron, me percaté de que habían cosas de tu pasado que no habían sido cerradas y necesitaban hacerlo, me hablaste de tu incertidumbre, de tus dudas, y yo dudé, dude darte un consejo de amigo o de un loco interesado por estar contigo, cedí a la primera opción, no pude dejarme cegar por mis intereses personales, y ser egoísta, así fue cómo decidí darte el mejor consejo de amigo y el peor como enamorado. Partimos del parque y ahí es cuando recordamos que dormir también es importante, no pude callar lo bien que me la había pasado, lo interesante que eres, las muchas cosas en las que nos parecemos y mi interés de estar contigo, antes y ahora y después. Nos quedamos otra hora afuera de tu casa, nos despedimos tres veces, y respondiendo a tu mensaje, es cierto, el que mucho se despide no se quiere ir. Es una lástima, todo pintaba bonito, sin embargo, como mencionaba antes, por el momento seguirás siendo la musa dos, la diosa de los imposibles, mi mujer ideal, la razón de mi desesperanza. Creo que es lo mejor, nunca reniego al destino, nunca me aflijo cuando pierdo algo por lo cual no luché con todo, hay mil y una razón por conservar las fuerzas para otro momento, sé que todo se dará a su debido tiempo, cuando ya no queden barreras, divisiones e impedimentos que planteen distancias invisibles pero ciertas entre los enamorados.

jueves, mayo 04, 2006


Eres increíble
Aún estoy impresionado de cómo es que se han dado las cosas. Llegaste a mí de manera inesperada, y yo no pude resistirme a tu encanto de mujer.
Después de varias ocasiones en las que pudimos convivir, de las cuales hasta la última es que te pedí tu teléfono, es que decidí que era momento de invitarte a salir, de conocer un poco más de ti, de saber quién eres.
Y así fue, salimos, la película no fue muy buena, tu te veías fabulosa, y fue un movimiento inesperado el que nos llevó a ir a mi casa por algo que tomar. Llegamos, dialogamo, y acordamos el tamaño de los vasos que usaríamos para beber la cerveza, la elección fue unánime, los vasos grandes fueron la opción elegida.
Subimos y fuimos al balcón, ahí instalamos las sillas y el escenario propicio para una rica conversación. Empezamos hablando de nuestras carreras, continuamos con algo de la familia, seguimos con nuestro concepto de noviazgo y con nuestras redes de apoyo, así estuvimos por más de dos horas, conversando y conversando.
Conforme pasaba el tiempo, la distancia entre nosotros se fue acortando, pude observar con mayor detenimiento tu cabello, tus dientes, tu piel blanca, tus ojos, en fin, toda tu, cada detalle y fue un espectáculo maravilloso, hubieron momentos en los cuales dejé de poner atención en la conversación pues me encontraba perdido en tus labios.
Me pareció muy interesante la conversación que tuvimos, misma que me dejó confirmar lo inteligente y creativa que eres, e hizo más evidente tu lado espontáneo y divertido.
Ya eran las 2:30 y a pesar de que ahora teníamos una nueva misión, que era la de comprar los tacos para tu mamá, no le dimos importancia al reloj y si a nosotros y a retardar la inevitable despedida, triste pero cierta. Fuimos a los tacos, pagaste por la compra y partimos ahora si a tu casa. Durante el camino hablamos de tu pasado, y confieso que me sentí un tanto incomodo, ¿pero, por qué?, no sé explicarlo, contigo he encontrado una nueva ilusión, cuando estoy contigo me olvido de todo, olvido la culpa y mi pasado, solamente no olvido el cruel presente, ese estrepitoso malhechor que plantea trabas y barreras entre nosotros, ya será el tiempo quien remedie estos conflictos.