domingo, abril 30, 2006

El día de hoy inicio con alguien cortando mi sueño.
Era mi hermano despertándonos a todos, y tratando insistentemente de convencernos de acompañarlo en uno de sus viajes planeados para recorrer municipios y poblaciones de nuestro estado.
Después de una intensiva labor de convencimiento, finalmente cedimos, y decidimos acompañarlo, tomamos un desayuno ligero y nos dispusimos a montar la carretera.
Iniciamos el recorrido, visitamos lugares conocidos y otros nuevos, con la diferencia de que ahora serían más que simple paso obligado a un destino diferente.
Pude ver entre otras cosas, mucho verde, una gran variedad de perros, de bicicletas, triciclos y motocicletas completas, viejas, nuevas, cortadas y modificadas para ser taxis, pocos vehículos compactos y muchas camionetas, muchos hombres con sombrero y muchas mujeres con hipil, muchas niñas y niños, personas mayores caminando por las calles solas o acompañadas de su familia; vi matas de papaya, de plátano, de zaramullo, de ciruela, de maíz; una variedad de flores y de árboles frutales, caballos, toros, vacas, becerros, carreteras amplias y nuevas, y otras estrechas, antiguas y con algunos baches; encontré una tienda con el nombre de uno de mis perros “Rudy” y también otra que se llamaba “oxxito”, me probé varios sombreros, de diferentes colores, texturas y materiales, de los cuales ninguno me convenció por completo, soy un cabezón; paseé por dos o tres celebraciones en diferentes poblados, observé diferentes tipos de tablados y en algún momento, pude fotografiar a tres o cuatro personas destazando y beneficiando a un toro recién toreado, pude ver a varios borrachines y a un busca pleitos; conocí varias iglesias, auque no entré a ninguna de ellas. En fin, compartí un buen día con mi hermano y mi mamá, el día del niño, un día dedicado a la carretera, un día dedicado a ver, oír, oler y en fin experimentar estímulos diferentes a los cotidianos.
No fue un día de fiesta, sino de aventura, de contemplación y de pensamientos y reflexiones carreteras.

miércoles, abril 26, 2006


Mientras hablábamos comprendí que te comprendía y que tu me comprendías a mi, pues vivimos en tiempos y etapas similares, aún en situaciones similares, con la única diferencia de que yo renuncié a la aprehensión y tú todavía no lo has llevado a la práctica, a pesar de que ya lo sabes. Me vi en ti, en un momento anterior, en un lugar en el que estuve y ahora ya no, y te vi saliendo de esta como en algún momento lo hiciera yo mismo.
En fin, ahí estabas, al borde del llanto y yo te escuchaba y observaba, quería abrazarte con mucha fuerza, pero fuiste tu quien lo hizo adelantándose a mis impulsos. Después de compartir tu vivencia y posteriormente yo la mía, mentalmente comparé ambas, me di cuenta de que el asunto no es tan simple, sin embargo te reitero mi invitación a no sentirte responsable de los actos de los demás.
Después de una leve regresión, a la cual te invité a participar, te vi detenida en frente de mi, te pensé como en mucho tiempo no lo hacía, en ese momento me imaginé siendo más que un apoyo para ti, cumpliendo un aspecto que discretamente pide ser llenado; he de confesar, moría de ganas de darte un beso, pero uno tierno y calido, inocente, de aquellos que se dan rebosantes de cariño, de los que no pueden darse en la mejilla porque necesitan entrar en ti, necesitan esa cercanía y contacto que se da en los labios cuando dices “cuanto te quiero” sin necesidad de hablar.

lunes, abril 24, 2006


Aún no puedo creerlo, hoy me sentí tan mal.
Sentí que te perdía, los celos me envolvieron, y me hundieron en la desesperación, en una enorme ansiedad; no veía el momento para huir por un cigarro.
Y así fue, después de esa llamada y del cigarro que fumé, corrí hacia ti y me estrellé con tu belleza, con tu frescura, echabas luces, te veías especialmente hermosa.
Así fue como caí de nuevo en la tranquilidad, me permitiste respirar tranquilamente, pude partir con calma, pero siempre con esa duda, acerca de qué hacer y qué no hacer, qué cosas decir y que callar, cuál es la medida en que el amor que siento hoy por ti debe de mantenerse en silencio y en la espera de un reencuentro, incierto como la palabra “nosotros”.

martes, abril 18, 2006

Ayer fue un día muy feliz.
El día en que la mujer que me dio vida cumplió un año más.
La casa de playa se vio visitada por gente querida, no fue mucha, solo la importante, solo aquella que pudo acudir a un llamado silencioso de saludar a un ser querido y expresarle su cariño y felicidad de estar ambos aún en la tierra y diciéndose hola otra vez.
Fue un día extraño, llegaron personas que hace tiempo no veía, mis padrinos, amigas de mi mamá, la ex de mi hermanito, mi cuñada. Llegaron al lugar cuatro pasteles, cuatro sabores, cuatro consistencias, cuatro señales de afecto. Todo sucedió de manera tranquila, todo aconteció en su momento, cantamos a dos pasteles conforme llegaba la gente.
Me hiciste mucha falta, no dejé de pensar en ti, no pude alejarte de mi mente, aún ahora solamente deseo correr a ti y decirte he regresado, te quiero igual que siempre, estoy listo, no quiero alejarme de ti jamás.
La casa quedó de nuevo vacía, la gente después de estar ahí de nuevo partió, guardamos las cosas, colgamos las hamacas y nos dispusimos a dormir, todo es calmo ahora, mañana saludaremos a otro día, mañana sí te veré.

jueves, abril 06, 2006


Y así es como llega el final, rápido e inesperado.
No sé qué tan inesperado, en realidad siempre tuve mis reservas.
Hoy nos divide una emoción, un término para mi ambiguo, nos divide mi forma tan difusa de sentir, mis dudas, mis procesos no cerrados, mis contradicciones, mis proyectos.
Sé que no es el final, te tengo tan cerca, pero creo que es lo mejor, quisiera pensar que en algún momento dado sabremos y confirmaremos que esto fue una desición acertada .
¿Usada?, ¿cómo puedes decir eso?
¿Qué acaso abusé de ti?, ¿te tomé sin permiso?, ¿te ofrecí algo que no cumplí?
¿Qué no disfrutabas conmigo?, ¿no eras tu quien me ayudaba a bajar tu sierre y tu ropa interior?, ¿Qué no eras tu quien me tomaba y me enseñaba a seguir tu ritmo?, ¿qué no me habías dicho que querías que alguien te enseñara?
Heme aquí, triste por perderte, pero más triste por sentirme metálico y polarizado, lo siento, te tocó vivir mi fase egocéntrica, ahora no es el mejor momento.
Por otro lado creo que cada vez soy más congruente en relación a lo que pienso y promuevo, y a mi manera de actuar, tomando en cuenta estos principios; decidí ser el más claro y a partir de ahora lo seré, no quise construirte un mundo entre las nubes.
Te quiero un buen, en verdad, no creo que puedas entenderlo, pero ayer, decidí que tenía que ponerle un fin a esto que considero demasiado costoso para mi, espero que también sirva para ti.