domingo, febrero 19, 2006

Que noche aquella.
En la tarde fui directo a ti, te veías tan fresca... me acerqué y platicamos no sé de que, y te invité a salir, me fui y regresé, y te encontré de nuevo y de nuevo hablamos no sé de que.
La noche nos esperaba, redondita
Mis ganas de beber ya no eran tantas, pero el alcohol corrió, antes fuiste distante, unas cuantas copas después te fuiste acercando, me dejaste mirarte y perderme en tus ojos.
Partimos de ahí hacia otro lugar, te resististe y me resistí, pero después de la batalla llegamos al bar en donde jugamos y conversamos de nuevo de algo que ignoro. Para ese entonces el alcohol corría en altas concentraciones por nuestras venas, o sea, estábamos coquetones.
Después de unas cuantas jarras y unas rondas de adivina quien, y Scrable, procedimos a los besos pasionales, de lengua y de mordida recargados en mi auto, he de confesar, me dio miedo que nos cachara la poli, imagínate los besos; ahí me dijiste que querías ir a mi casa y yo accedí, corrimos e hice lo imposible por no hacer ruido alguno al abrir el sofá cama de mi casa, y acomodar el escenario. Ahí es donde empecé a olvidar como fue todo, me tomaste, doblaste, quebraste, corrompiste, mordiste, arañaste y destrozaste, aún no se si me gustó realmente, pero la verdad que fue divertido y cabe recalcar que no soy masoquista.
Eres una arpía, una mujer araña, una demoledora, te gusta la oscuridad, el dolor, eres una contradicción, me pedías ser suave pero fuerte y profundo, lento y rápido, pasivo y agresivo, me convertiste en un perrito y un sádico, fue doloroso pero extremadamente desenfrenado, me tentaste a ser violento, y lo lograste, no tanto como te hubiera gustado.
Finalmente, exhaustos, nos tendimos en aquel sofá, nos abrazamos y me preguntaste la posibilidad de pasar la noche así, a lo que respondí que era imposible.
Después de que un objeto que caía delató nuestra presencia, y después de dos horas de desenfreno total, y de algunas calorías consumidas; corrimos con lo que pudimos, escapando de la escena del crimen.
Los recuerdos aún son turbios, moretones, arañazos, dolor corporal en diversas áreas y una nueva prenda en mi cajón, son prueba de que esto no fue un sueño, aún lo llevo en la piel, y en los vagos flashes de ese ayer, en el cual aun sin conocerte supe que eres mujer.

No hay comentarios.: