lunes, febrero 27, 2006

Aquel viernes mientras divagaba acerca de cosas superfluas, me encontré en un estado de tranquilidad casi total. La escuela es un buen espacio para estos episodios de viajes astrales. Escuche, el viento que topaba con mis orejas y me movía el cabello, y me di cuenta de que mis nuevos zapatos solamente suenan encima de los ladrillos y que en los caminos de cemento el ruido es mínimo, también pude darme cuenta de que es más divertido caminar sin hacer ruido y sin arrastrar los zapatos. Igual me di cuenta de lo poco que te extraño, y de lo egoísta que soy, egocéntrico, distraído, solitario. Soy un desmadre, creo que fue otra la que me enseñó el dolor y a olvidar, a ella le debo lo efímero de esta pena que se ha convertido en un recuerdo borroso. Que tristeza.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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